¿Qué deportes han crecido más en popularidad en los últimos años?
La pregunta de qué deportes han crecido más en popularidad en los últimos años merece respuestas directas, no rodeos. El pádel, el pickleball, los eSports y el trail running lideran todas las métricas relevantes —participación activa, audiencia, venta de equipamiento, construcción de infraestructuras— y lo han hecho de una forma que los analistas del sector no predijeron con suficiente antelación. Este artículo responde las preguntas que más se repiten sobre este fenómeno sin caer en entusiasmos vacíos ni en escepticismos mal fundados.
¿El pádel es realmente el deporte que más ha crecido en Europa?
En términos de porcentaje de crecimiento en el número de practicantes, sí. Desde aproximadamente cuatro millones de jugadores en 2010 hasta más de veinticinco millones en 2024, el pádel ha registrado una expansión que ningún otro deporte establecido en Europa puede igualar en ese mismo periodo. Eso no significa que sea el deporte con más practicantes —el fútbol, el ciclismo recreativo y la natación siguen siendo mucho más masivos—, pero en crecimiento relativo, el pádel es la historia más llamativa de la última década en el continente.
Lo que hace el dato todavía más significativo es que se trata de crecimiento en participación activa real, no en audiencia pasiva. La gente que juega al pádel lo hace de forma regular, paga por el tiempo de pista, compra raquetas y ropa específica, y en muchos casos organiza parte de su vida social alrededor del deporte. Eso es un tipo de penetración cultural que va mucho más allá de lo que reflejan los meros números de federados.
¿Es el pickleball una moda pasajera o tiene recorrido real?
Esta es quizás la pregunta más frecuente sobre el pickleball fuera de Estados Unidos, donde todavía se mira con cierta perplejidad. La respuesta que dan los datos es clara: no es una moda. Los deportes que crecen rápidamente durante un año o dos y luego se estancan o decaen tienen perfiles reconocibles —generalmente dependen de una figura mediática o de una tendencia pasajera—. El pickleball lleva creciendo más de quince años en Estados Unidos, y la incorporación de jugadores jóvenes en los últimos tres años indica que está ganando profundidad demográfica, no perdiéndola.
También hay señales estructurales que apuntan a la sostenibilidad: la inversión en ligas profesionales, la construcción de instalaciones dedicadas, los contratos de patrocinio de largo plazo con grandes marcas de ropa y equipamiento. Cuando el capital institucional entra en un deporte con esa magnitud, no lo hace apostando por una burbuja.
¿Los eSports son un deporte o solo entretenimiento?
Esta pregunta lleva años siendo objeto de debate y suele hacerse de mala fe, como si la distinción importara más que los hechos. Lo que importa es que los eSports tienen más de ciento cincuenta millones de seguidores habituales en todo el mundo, que los torneos más importantes atraen audiencias que superan a las de eventos deportivos convencionales establecidos, y que hay atletas profesionales que se entrenan diez horas al día, tienen equipos técnicos, psicólogos del rendimiento y fisioterapeutas.
Si la definición de deporte que se aplica tiene que ver con la competición organizada, el entrenamiento sistemático, la búsqueda de rendimiento y las audiencias, los eSports califican sin necesidad de matices. El debate semántico es, en buena medida, una coartada para no tener que reconocer que el paisaje cultural del deporte ha cambiado de manera irreversible.
¿Por qué el trail running ha crecido tanto en personas que viven en ciudades?
La respuesta más honesta es que el trail running creció entre urbanitas precisamente porque son urbanitas. La vida en ciudad produce una necesidad de compensación: ruido, pantallas, ritmo acelerado, espacios cerrados. El trail running ofrece lo contrario de todo eso en un mismo paquete: silencio, paisaje natural, esfuerzo físico, desorientación temporal.
A eso se añade un factor de identidad. El trail runner urbano no es simplemente alguien que hace ejercicio: ha construido una parte de su identidad alrededor de esa práctica, tiene equipamiento específico, sigue a corredores y marcas en redes sociales, y participa en una comunidad con su propio lenguaje y sus propios rituales. Ese nivel de adhesión cultural explica por qué las tasas de retención en el trail running son tan altas comparadas con otras modalidades deportivas.
¿Hay otros deportes que estén creciendo con fuerza y todavía no son muy conocidos?
Sí. El padel beach, que combina elementos del pádel con la arena como superficie de juego, está registrando crecimientos notables en países mediterráneos. El disc golf ha aumentado de forma constante en Europa y América del Norte durante la pandemia y no ha retrocedido. El bouldering —escalada en bloque en interiores— ha atraído a una generación joven que busca deportes de reto cognitivo además de físico. Y el swimming en aguas abiertas ha visto un aumento sostenido de practicantes en paralelo al crecimiento del triatlón.
Lo que une a todos estos deportes emergentes con los ya establecidos como casos de éxito es la misma fórmula: accesibilidad, comunidad, satisfacción relativamente rápida y capacidad de generar contenido visual atractivo para redes sociales. Los deportes que combinan esos cuatro elementos son los que tienen más probabilidades de protagonizar la próxima historia de crecimiento inesperado.